Mostrando entradas con la etiqueta meditaciones transcendentales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta meditaciones transcendentales. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de febrero de 2010

Amaga y pega

En el boxeo una de las frases que se gritan desde la esquina al boxeador es "amaga y pega". Y tiene lógica: si haces un finta, que sea para algo, si la haces para quedarte como estabas, perderás la iniciativa. En ajedrez, hay una idea repetida a los principiantes que es ciertamente parecida: "no hagas un movimiento que tengas que deshacer, porque así perderás dos movimientos". Seguro que hay mil ejemplos similares en otros terrenos y que todos conocemos alguno.

Sin embargo, podría parecer que el segundo gobierno Zapatero nunca los haya oído (también puede ser que, en el mejor de los casos, los haya entendido al revés. Hay veces que pega y luego amaga para quedarse igual, como con la Ley de Economía Sostenible). Ante cualquier tema que pueda resultar peliagudo, suelta un globo sonda y, en función de la reacción de la sociedad (la de la oposición ya se sabe de antemano), decide refrendar su idea o, lo que viene siendo más habitual en los últimos tiempos, dice "sólo estaba pensando en alto" o similar. La última decir "sólo es un ejemplo" para envainarse el cálculo de la pensión sobre 25 años en lugar de los 15 actuales.

O amagas y pegas o pegas, pero no hay término medio ni más posibilidades.

PD: Al final tendré que darles la razón a los que decían aquello de "talante sin talento".

martes, 26 de enero de 2010

Aprender de los niños

Los mayores, desde nuestra "sabiduría" acumulada gracias a la experiencia, tendemos a menospreciar a los niños. Sobre todo cuando se ponen en plan idealistas y creen que se puede mejorar el mundo con un poco de buena voluntad por parte de todos. Pues, qué se puede decir, que a lo mejor hasta tienen razón:
Un niño británico recauda 120.000 libras para las víctimas del terremoto de Haití
Después de todo, siempre podemos aprender de los niños.

jueves, 7 de enero de 2010

La modernidad y yo (reacciones)

Reconozco que nunca fui un moderno. Al menos no de esos que son poco menos que esclavos de la moda y que cambian su apariencia en función de las tendencias. Tampoco fui nunca un clásico (léase camisas o polos, pantalones de pana o de pinzas y náuticos, por ejemplo), por lo que la estética de los "modernuquis" nunca me chocó demasiado. Hasta hoy. Al salir del metro iba delante de mí una chica con la siguiente presencia:
  • Pelo largo, liso y con mechas rubias a rayas (en plan cebra o tigre).
  • Un piercieng en el pómulo. No sé si llevaba más, pero, ése, seguro.
  • Chaquetón de piel marrón oscuro.
  • Camiseta de los Lakers en blanco y amarillo.
  • Pantalones de boxeo en blanco y rosa.
  • Leotardos negros.
  • Zapatillas de baloncesto blancas con el logo en lamé dorado.
Insisto en que no soy moderno, pero ¿de verdad me estoy haciendo viejo tan rápido?

viernes, 11 de septiembre de 2009

11 de septiembre

Hoy es 11 de septiembre. A todos se nos llena mucho la boca con esta fecha y la memoria nos lleva años atrás (¿dónde estaba usted el 11-S de 2001?). Sin duda fue un momento trágico y tal vez más por haber sido televisado, pero tendemos a olvidarnos de otros momentos también trágicos.
  • En 1609 se ordena la expulsión de los musulmanes no convertidos de Valencia, que derivará en la expulsión de todos los musulmanes de España.
  • En 1919 los Marines estadounidenses invaden Honduras.
  • En 1930 entra en erupción el Stromboli.
  • En 1943 los nazis comienzan el exterminio de los ghettos judíos de Minsk y Lida.
  • En 1973 tiene lugar el golpe de Estado de Pinochet que acabó con el gobierno de Allende e inició uno de los momentos más tétricos de la historia reciente.
  • En 1982 las fuerzas internacionales que estaban garantizando la seguridad de los refugiados palestinos, abandonan Líbano tras la invasión por parte de Israel. Este hecho desembocará en la masacre de Sabra y Chatila, donde morirán miles de palestinos.
Claro que también pasaron cosas buenas, pero para verlas es mejor ir a la fuente de este post: la Wikipedia (sí, no tenía ganas de buscarme la vida).

viernes, 14 de agosto de 2009

Frases célebres (o no) 14

¡Hay que vivir! ¡Hay que vivir!
Don Manuel, el párroco descreído
de San Manuel Bueno, mártir
de Miguel de Unamuno


Si todavía no leyó este libro, ya está tardando. Lo releí después de varios años y me impresionó mucho más de lo que recordaba. Sin duda, una obra maestra. El texto completo, aquí.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Frases célebres (o no) 13

La eternidad es la ausencia de tiempo; pero no la nada.
Vista en eresfea.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Tan lejos, tan cerca

Se acercan las vacaciones y aunque estén a la vuelta de la esquina, todavía no tengo esa sensación tan incómoda de tener la cabeza en otra parte. Es cierto que la carga de trabajo de estos días me lo impide y la falta de gente en el trabajo me obliga a estar más centrado para tratar de abarcar todo lo posible. Sin embargo, llegados a estas alturas, otros años ya empezaba a situarme un poco más fuera que dentro. Salía a la calle y me parecía oler la sal y la arena, cuando lo único que podía oler era la polución; pasaba bajo unos árboles y ya sentía la hierba bajo mis pies, aunque sólo hubiese asfalto; oía un pájaro y esperaba oir la respuesta de otro y no el (irritante) pitido de los semáforos para peatones.

De ahí el título del post: este verano, las vacaciones estivales están tan cerca como lejos, o viceversa.

Como digo, este año es distinto. Y me está dando miedo que me empiece a gustar más el trabajo que el descanso...

viernes, 17 de julio de 2009

Lavado de cerebro y conspiranoia

Estoy leyendo (a ratos) un libro que me regalaron mis últimos ex compañeros de trabajo: El alma está en el cerebro, de Eduard Punset. Entre las muchas cosas que se dicen en este libro, me llamó mucho la atención el capítulo dedicado al lavado de cerebro. En él, se viene a decir que todos estamos absolutamente convencidos de que lo que hay "dentro de nuestra cabeza" (nuestras ideas, nuestras opiniones, nuestros criterios, nuestros sueños, nuestros principios...) nos pertenece sólo a nosotros, que es (como la aldea de Astérix) el reducto donde resistimos ahora y siempre al invasor, donde nadie puede llegar y nuestra independencia está a salvo.

Punset dice que es una de las cosas que debemos "desaprender", que ahí puede entrar cualquiera y que cualquiera puede ser víctima de un lavado de cerebro. Entre los ejemplos que pone, me llamó poderosamente la atención el de las personas maltratadas: son víctimas de un lavado de cerebro constante y del que no son ni remotamente conscientes. Pero también me pareció interesante que considere que todos, absolutamente todos, estamos sometidos a un continuo lavado de cerebro. ¿Quiénes son los responsables? Básicamente dos: los medios de comunicación y la publicidad. A esta revelación, por llamarla de alguna forma, añade la apreciación de que esto sucede "aunque no nos sometan a una dieta hipocalórica para reducir nuestra resistencia mental" (no creo que sean palabras textuales, pero sí el sentido).

Y aquí salió mi vena conspiranoica. ¿Seguro que no es así? ¿Acaso no son los estándares de belleza actuales incitadores a dietas hipocalóricas? ¿No se ha extendido la anorexia, llamada en otro tiempo "la enfermedad de las princesas", hasta niveles deconocidos? Y, finalmente, ¿quién nos dice que todo esto no es más que una treta de fuerzas oscuras desconocidas para hacernos más débiles y doblegar nuestra resistencia? Ahora sólo me falta la risa malévola...

MUAHAHAHAHAHA

viernes, 10 de julio de 2009

Lo que entendemos y lo que queremos entender

En la línea del post Lo que vemos y lo que queremos ver, hoy traigo este vídeo que ilustra mejor que nada que yo pueda decir lo que quiero compartir con ustedes:


lunes, 29 de junio de 2009

¿Lobos o corderos?

Dice Pepe Cervera en su blog "Retiario":
Se trata de un dilema viejo como la filosofía: ¿es el Ser humano un lobo para los demás seres humanos, o somos una especie caracterizada por el amor a nuestros semejantes?
Añade que de ambos casos hay multitud de ejemplos y menciona un estudio de PloS One en el que se atribuye una base biológica a la empatía. Francamente, creo que es un post especialmente interesante, aunque insinúe más que explicar.

Después de leerlo atentamente, me da la sensación de que al final de la lectura un se queda igual que al principio. El viejo dilema filosófico sigue siendo dilema, no hay una aclaración de hacia dónde nos dirige ese estudio.

Además, a mi modo de ver, ni somos lobos ni corderos. En ocasiones somos como la vaca que pace tranquilamente y ve pasar el tren. En otros momentos, podemos convertirnos en hienas que apuran los huesos de un cadáver entre risitas histéricas.

Lo único que queda claro es que, como decía el título de un disco de Extremoduro, somos unos animales.

domingo, 28 de junio de 2009

Lo que vemos y lo que queremos ver

Es curioso cómo funciona nuestra cabeza. Soy un fan confeso de Terry Pratchett. Dentro de las novelas de la serie Mundodisco, uno de los personajes es La Muerte (que no es trágica, tal y como la vemos nosotros, sino que es casi cómica) y una de las cosas que dice es que el ser humano no la verá allá donde esté, porque nuestro cerebro omite lo que no quiere ver.

Esto, que no pasa de ser un recurso humorístico en las obras de Pratchett, es lo que dice, más o menos, Luis Muíño en el último post de su más que recomendable blog. Él habla de los platillos volantes y de por qué “vemos” platillos, pero, en el fondo, es lo mismo.

Me hace gracia que Muíño ponga un ejemplo que puede resultar cómico (y que tiene un punto trágico, por lo que implica en cuanto a cuán manipulables somos), mientras que el creador de Rincewind utilice un personaje que debería resultar trágico (y que es bastante cómico ¡La Muerte tiene un caballo que se llama Binky!).

Sólo los estúpidos tienen la conciencia tranquila

Eso es lo que dice una canción de Siniestro Total. Y yo, habitualmente estúpido profesional en lo relativo a la serenidad de mi alma, llevo un par de semanas en lo que debe de ser el extremo de la inteligencia. Vamos que mi conciencia no deja de pegarme patadas en las espinillas. Las razones nos se las voy a contar (este blog todavía es demasiado joven y usted y yo aún no nos conocemos bien), pero sí lo que está pasando por mi cabeza. Allá voy.

Hay circunstancias en las que lo prescriptivo es aguantar el chaparrón, poner toda la buena cara posible, respirar hondo y tratar de ser más neutral que Suiza. La cuestión es: ¿Hasta cuándo? ¿Cuántos agravios hay que tolerar hasta que tengamos “derecho” a la pataleta? ¿Cuándo podremos reventar como una castaña y que esté “justificado”?

Me explico. Si saltamos demasiado pronto, tenemos mal genio, somos intolerantes, vamos “mal follados”; cuando tardamos demasiado, el desencadenante suele ser una nadería y entonces nos convertimos en caprichosos, en niños mimados o en algo aún peor (si fuese posible que haya algo peor que un niño malcriado). La dificultad, como en todos los ámbitos de la vida estriba en alcanzar el término medio, ese punto de equilibrio que siempre está demasiado lejos de nuestra posición.

Mi madre, que es muy sabia, siempre dice: “Somos esclavos de nuestra educación”. No os pueden ni imaginar hasta qué punto es así. Por más que intentemos saltarnos los principios entre los que crecimos, siempre nos encontraremos con un pequeño Pepito Grillo que nos dirá “eso no está bien” o “recapacita” o “no es para ponerse así” o alguna frase-hecha-de-colegio-de-monjas por el estilo. Y francamente, ya estoy más que harto.

Por si a alguien puede interesarle, mi actual estado de ánimo está estrechamente relacionado con el post anterior.

¿Alguien sabe dónde se vende un DDT para la conciencia?

viernes, 26 de junio de 2009

Todo = Nada

Dice Tom, el sueco, en su blog que "es extraordinario es el gran vacío que marcan los artistas más populares, o mejor dicho, el enorme caos que produce este vacío". Que "por no tener una vida interior y espiritual, tener todo significa no tener nada".

Como ejemplos usa a Michael Jackson y a Britney Spears. Una suerte de juguetes rotos (como gusta tanto decir en las tertulias televisivas) que precisamente por tener todo lo que cualquier mortal puede desear (fama, admiradores, dinero a espuertas, posesiones materiales de todo pelaje...) no tienen lo que de verdad nos hace humanos: la rutina templada y sin aristas, el calor de los demás (el de los fans quema, por intenso), la simpatía del frutero...

Al (o para) tenerlo todo, estos famosos se vacían, caen en círculos cada vez más oscuros y semejantes a la ordenación que Dante presentó del Infierno y dejan de ser ellos mismos para ser el personaje que (les) crearon con vistas a tenerlo todo. Y ese "todo" es la clave. Ese todo, como si de una ecuación matemática se tratase, significa "nada".

Después del antepenúltimo caso que vivimos en las carnes de Whitney Houston, ahora tenemos el de Jacko, ¿quién será el siguiente?

jueves, 25 de junio de 2009

El problema de los relojes

Y sigo con las paradojas.

Hace un tiempo me plantearon un problema lógico que me pareció muy interesante. El planteamiento era el siguiente:
Tenemos cuatro relojes. Uno de ellos está parado; el segundo atrasa un segundo al año; el tercero, uno al siglo; y el cuarto, uno al milenio. ¿Cuál de los cuatro es el más exacto?
La respuesta que tendemos a dar es el que se atrasa un segundo cada mil años, sin embargo, la "correcta" es... el que está parado, porque da la hora exacta dos veces al día.

Tal respuesta me dio que pensar. Razoné (o no) que si nos preocupamos demasiado por la exactitud, podemos perder de vista la utilidad. Porque resulta evidente que es mucho más práctico un reloj que apenas atrase, aunque no sea exacto, que uno que puede dar la hora "clavada" dos veces al día, pero que nunca marca otra ¿Qué duda cabe de ello? Lo importante de un reloj es que nos ayude a saber cuándo vivimos, aunque sólo sea de un modo aproximado. La precisión no es lo fundamental.

Pues algo parecido nos pasa a diario. Nos obsesionamos porque todo (nuestro trabajo, nuestra compra, nuestra ropa, la relación con los demás, la educación que damos a nuestros hijos...) sea perfecto, todo esté ajustado como una maquinaria de relojería. La pregunta es: ¿Esa maquinaria es de las que atrasan mucho, poco o de las que están paradas?

Espero que la mía no atrase demasiado, pero que atrase algo. Eso significará que funciona.